220 Voltios

220 Voltios

En 220 Voltios, la sala teatral nos espera ya lista para hacernos parte de la obra, y conectarnos de manera inmediata con aquella historia que se nos va a contar.

Un argumento en apariencia sencilla (solo en apariencia) cuenta sobre Estévez, un hombre de setenta años, quien es el encargado de dotar de electricidad a todas las figuras santas de una iglesia, un trabajo que ha llevado acabo a la perfección durante muchos años, solo que ahora siente la necesidad de traspasar todos sus conocimientos a un heredero, un hijo. Claro que el detalle está en que no lo tiene, razón por la cual le pide a Chuchi, la encargada de la limpieza, que le consiga uno. Sí, ese es el pedido, Estévez necesita un hijo, y cuando el aparezca, la vida de ambos cambiará para siempre.

Chuchi lleva ante su amigo a Antonio, un sobrino que vive con ella, a quien solo le interesar jugar al fútbol y quien en primera instancia no parece llevarse con su “nuevo padre” y con ese mundo de vírgenes y santos, tan lejos de su realidad inmediata.

Sin embargo a medida que la trama avanza, la conexión entre ambos va creciendo y encuentran uno en el otro, la necesidad saciada de sentirse cuidado y querido por alguien.

Una imagen que queda en la retina, incluso tiempo después de terminada la obra, son ambos sentados sobre la mesa, con sus delantales de trabajo, compartiendo charlas sobre fútbol, sobre electricidad, sobre Dios, haciéndonos recordar de alguna manera a aquel carpintero Yepeto, quien tanto ansiaba tener un hijo que terminó contruyéndolo, aquí Estévez tal vez no lo dote de un corazón a su nuevo hijo pero sin duda alguna , activa la tecla correcta para iluminarlos a ambos.

Daniel Marcove, en la dirección acierta con una puesta impecable, una escenografía que integra, que se hace parte de la historia, todo sucede allí en el cuarto de atrás de la Iglesia, pero inferimos los alrededores de la misma, incluso sentimos la quermese que se sucede por detrás, solo con que nos den la idea que aquello se sucede por fuera de la escena.

El elenco de la obra es otro de los puntos mayores, Jorge Ochoa como Estévez, pareciera no interpretar un papel, él es Estévez, nos conmueve profundamente, su tempo actoral denota una precisión en la escena, propio de un talento enorme. Patricia Rozas compone a Chuchi, con una sencillez y calidez, cualidades que suman en cada diálogo que pone de manifiesto. Completa el trío actoral, un notable Gastón Cocchiarale, joven actor en ascenso, quien recrea a Antonio, con una desenvoltura impecable, iniciando la obra como un chico reacio a todo, y finalizando con un crecimiento personal, propio de una excelencia del trabajo que el actor realiza.

La historia escrita por Víctor Winer, propone una búsqueda de respuestas sobre las cuestiones que surgen en relaciones familiares, padre e hijo especialmente, aquella necesidad de dejar un legado, de ser parte de una familia, de encendernos y llenarnos de luz, al fin y al cabo, bien lo menciona el autor, ¿Qué separa la luz del milagro cotidiano?. Nada, absolutamente nada.

 


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Mary Putrueli Written by:

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