Decisiones

Decidir en la vida, implica optar por algo o alguien en un determinado momento y lugar.

Por una idea, una convicción, un impulso, un amor, una duda, un espacio,  un sentimiento, una búsqueda, una opinión, por ser un poco mejores que ayer, o tal vez por intentar no fracasar mañana.

Animarse al cambio no es para todos, siempre para bien o para mal, nos va a doler un poco, vamos a sentir que si bien nos la jugamos y arriesgamos, algo en nosotros se va a perder, y nos va a generar una sensación de vacío que tenemos que saber cómo combatirla.

Pero qué perfecto es cuando nos sale bien, cuando nos damos cuenta que, tenemos dentro más coraje del que creemos tener, que le ganamos la pulseada a cada batalla que la vida nos presenta, nos levantamos más fuertes en cada caída, encontramos una luz escondida cuando todo alrededor parece oscuridad, y sólo depende de nosotros poder alcanzar lo que nos hace felices.

Dicen que lo mejor de la felicidad es recorrer el camino que nos lleva a encontrarla, y lo mejor que podemos hacer es disfrutar de ese camino cada uno de los días de nuestra vida, aunque nos parezca largo, aunque nos juremos no tropezar con la misma piedra, y la volvamos a patear unos metros delante, aunque nos quite a la gente que más queremos y necesitamos, aunque esté lleno de calles sin salida, que nos hacen volver a empezar una y otra vez.

El camino, si lo dejamos, nos hace más fuertes, más comprensivos, más inteligentes, tenemos que saber disfrutar todo lo bueno y lo malo que nos pasa y nos va a pasar, y lo mejor que podemos hacer frente a esa incertidumbre de recorrido, es conseguirnos los mejores compañeros de ruta que podamos, buscar el amor sin conformarnos hasta que el pecho nos explote de luces de colores, caminar a la par de los mejores amigos que podamos tener, aunque no los veamos ni hablemos a diario, sentir que en un suspiro de cansancio, a la distancia hay alguien que nos está sosteniendo de atrás, dispuesto a callar todos nuestros silencios y reir todas nuestras alegrías.

Saber que en la familia que nos tocó en esta vida, podemos encontrar el lugar más seguro donde descansar, tomar fuerzas o simplemente dejarnos ser nosotros, sin que nadie nos cuestione.

Saber que nuestros padres, con las armas que les dieron y las formas que pudieron, nos criaron deseando para nosotros lo mejor, aunque claro, lo mejor que ellos desearon, a veces no haya coincidido con lo que nosotros habíamos elegido, pero es en ellos donde podemos vernos a nosotros mismos, no hay mejor reflejo de todo lo que podemos llegar a ser que en los ojos de nuestros padres, y si no los tenemos con nosotros, nos queda buscar en cada recuerdo, en cada caricia y abrazo, en cada consejo y en cada reto que nos dieron, somos en gran parte las personas que ellos soñaron que fuéramos, y depende de nosotros, si no están, que sigan brillando dentro de nosotros en cada día, en cada noche.

Si tuvimos la suerte de tener hermanos, esos cómplices de juegos y travesuras que la vida nos regala, no dejes nunca de contar con ellos y de estar con ellos, una, dos, tres y mil veces más, son las personas más fieles con las que podemos contar, con quienes crecimos, a quienes quizás alguna vez les deseamos lo peor pero sabemos que nuestra vida sin ellos estaría falta de color.
Amarlos como a nosotros mismos…y más también, son nuestros ángeles de la guarda en la tierra, los que sin llamarlos están y los que sin pedírselo se quedan a tu lado todo el camino.

Si podemos lograrlo, traigamos a este mundo personitas que tengan ganas de cambiar un poco el mundo, dejemos que se rían por todo y se enojen si quieren, que se ensucien más y lloren menos, y sobretodo dejemos que busquen ser felices ellos, sin duda si lo son, de la manera que elijan lo vamos a ser nosotros también. No debe haber sensación más placentera para un padre que ver en la sonrisa de sus hijos, la perfecta mueca de la felicidad.

En mi vida, he sido privilegiada a lo largo de todo mi camino, he decidido muy bien y de manera desastrosas tantas veces, me caí más veces de las que hubiese querido, pero también me levanté muchas más de la que hubiese creido, amé con locura y con razón, quise bien y mal, solté y retuve demasiado rápido y demasiado poco, lloré lo que nunca tuve y reí por aquello que tal vez pueda tener, crecí y crezco en cada respiro que doy, y pase lo que pase jamás detengo el paso en este camino que Dios me dio la oportunidad de transitar.

En mi vida, he sido privilegiada, por ser quien soy, y por caminar siempre a la par, de gente como vos.

Sigamos caminando, escuché que, si sabemos recibir, la vida tiene de todo para regalarnos.

Del Libro “Imaginando Sueños”, Editorial Croupier 2015


Maria-Puetrueli-Escritora-Critica-Guionista-Firma-Smallest

Mary Putrueli Written by:

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