Dos, una desconexión

Dos, una desconexión

El dramaturgo Pablo Bellocchi presenta en Dos, una desconexión un tema intenso, dicotómico en su profundidad como en su sencillez, el amor entre una pareja, ese amor atravesado por las distintas etapas que lo componen, la primera cita donde todo es magia, nervios, donde vemos al otro a través de nuestra idealización personal, deseando que todo aquello que queremos el otro sea, corresponda con la manera de ser de nuestro objeto de deseo.
Luego claro, comienza la convivencia, y ahí es donde el enamoramiento cede su lugar a la construcción propia del amor, a la batalla contra la rutina, contra el día a día, y sobre todo con todo lo que el otro es, y nosotros no queremos que sea.

Y sí en ese proceso, los obstáculos no pueden sortearse, llega irremediablemente el final de la relación, y esa magia inicial, se convierte solo en un truco de poca monta.

Esto es lo que sucede en cada función, una pareja, Miguel y Claudia, es interpretada por cinco jóvenes y talentosos actores, dando vida a la pareja en sus inicios idílicos, en su lucha contra los miedos propios, contra las frustaciones, contra el otro y sobre todo contra uno mismo, y en su final, cuando uno de los dos ya se ha ido.
Destaca la dirección, en su debut, de Nicolás Salischiker, haciendo convivir en escena, a todos los protagonistas de esta historia, en distintos momentos del tiempo, comenzando por el final de la relación quebrada, donde Miguel ya se ha ido de casa, para fluir de manera precisa en el nudo del relato con la exposición plena de la crisis de pareja, dejando al desnudo los mundos interiores, de ella, de él, de lo que fue y de lo que probablemente ya no pueda volver a ser. Desembocando en esa primera fantástica etapa donde el otro es un mundo nuevo por conocer, sin faltas, sin fracasos, con una energía propia de la fogosidad del amor.

Cada uno de los actores cumple con creces lo que el texto les demanda, tal vez sobresalgan por el peso dramñatico de las líneas, Catalina Motto y Maximiliano Zago, responsables del peor momento de la pareja, pero tanto la recién incorporada al elenco, Sheila Saslavsky como Nicolás Dezzotti, quienes muestran el momento en que se conocen Miguel y Claudia, y Malena López, en el rol de una Claudia desvastada por el abandono, merecen el aplauso cerrado y rotundo del final.

La escenografía refuerza el caos, el desorden, por donde transita la obra, existe un inteligente uso del fuera de cuadro visual, y la idea de una pareja encerrada en su intimidad terminar de subayarse con un cuadro de la obra “El beso” de Gustav Klimt, siempre torcido, hasta que al fin, cuando ya no queda nada por hacer, es descolgado de la pared, ya no hay cuadro, ya no hay beso, ya no queda nada.

Muy interesante propuesta de comedia dramática, la cual provoca risas incómodas, emociones, una total empatía y convoca a una reflexión sobre el amor y por qué no, otros demonios.

La obra se presenta todos los viernes a las 21:00hs en el teatro “Espacio Polonia” (fitz Roy 1477, CABA).

Ficha técnico artística

Actúan: Nicolás Dezzotti, Malena López, Catalina Motto, Sheila Saslavsky, Maximiliano Zago
Escenografía y Vestuario: A&M Realizaciones
Diseño de luces: Lucas García
Diseño gráfico: Rodrigo Bianco
Puesta en escena: Pablo Bellochio y Nicolás Salischiker
Asistencia de dirección y escena: Rodrigo Bianco
Producción: Lascia Colectivo De Trabajo
Dramaturgia: Pablo Bellochio
Dirección: Nicolás Salischiker

 


Maria-Putrueli-Escritora-Critica-Guionista-Firma-Smallest

Mary Putrueli Written by:

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