Las Bernardas

Las Bernardas, de Teresa Duggan

Mucho tiempo atrás, al leer la obra de Federico García Lorca “La casa de Bernarda Alba”, sentí en carne propia una opresión en el pecho, me solidarizaba con esas mujeres atrapadas en su propia casa, alejadas de la realidad masculina, dominadas por una madre omnipresente, quien cobraba un poder absoluto, tras la muerte del padre del hogar.
Esa misma sensación, esta vez potenciada, por tantos y tan bien seleccionados recursos, se hizo presente en mí, al contemplar la versión de Teresa Duggan inspirada en el clásico lorqueano.
Desde el inicio, el escenario y la puesta conducen a ese mundo asfixiante en donde el alma no encuentra su lugar pero el cuerpo impone y dispone, en la belleza y fuerza de esta versión danzada, combativa, desgarrada de las Bernardas. 

En la oscuridad de la escena, un personaje arrastrándose suelta su ovillo, empieza a tejerse la trama y comienzan sus protagonistas a coser sus sexos, sus corazones, sus vidas, mediante ese hilo que parece conectarlas a todas, y llevarnos a nosotros por una historia que en los 50 minutos que dura la obra, no podemos dejar de contemplar, de admirar, de nutrirnos de cada una de ellas, sus gritos desgarradores, sus carcajadas de locura, sus penas, sus reclamos, que nadie escucha.
Todo aquello que no se dice desde los labios, nos lo grita a viva voz una pantalla con los textos yendo y viniendo proyectados en la pared, y en nosotros, mientras sucumbo al paso histérico del baile, mis ojos leen la palabra terrible, no es casual, la historia lo es, la pared se convierte en una protagonista más, en un muro, hablado, presente, inevitable.

En este nuevo enfoque del texto conocido, los elementos elegidos funcionan metafóricamente de manera exacta, frene a el negro resplandeciente de vestidos y escenario, será el personaje de Adela, aquella rebelde y valiente mujer entre todas sus hermanas, quien portará el verde de la esperanza, de la juventud que se niega a perderse, del amor a la vida, al hombre, aquel que sin estar está siempre presente. Un pantalón sin dueño, pero dueño de todas, va y viene entre las manos danzantes, suplican por hacerlo suyo, así como el deseo incontenible de cabalgar hacia el hombre, hacia la libertad, hacia donde lo que no conocen pueda llevarlas.
La música brinda una profundidad, una poesía constante, nos llega a través de nuestros oídos y nos eriza la piel, acompaña esos cuerpos que piden estallar, ser escuchados, ser vistos.

Acierto total en la elección del elenco, quienes desde lo gestual nos invitan a contemplar esta historia oscura, sórdida, que nos devora y nos intriga. Se complementa con la voz en off, llevando un hilo conductor que siempre nos mantiene atentos, inmersos, con los ojos puestos en el universo representado.
El final es impecable, si bien todos en su mayoría lo conocemos, la mano de la directora se deja ver, se aprecia la sutileza, la poesía en el narrar, lo sublime dentro del terror.
Una fantástica propuesta de la compañia Duggandanza, una manera distinta de contar desde otro punto, con otros recursos, desembocando en aquella puerta que merece ser abierta, con aquella llave que todo lo abre, y la mano que todo lo cierra.

Ficha técnico artística
Sobre textos de:Federico Garcia Lorca
Idea:Teresa Duggan
Intérpretes:Vanesa Blaires, Maria Laura García, Magda Ingrey, Vanesa Ostrosky, Josefina Peres, Gabriela Pizano, Laura Spagnolo, Daniela Velazquez
Vestuario: Nam Tanoshii
Visuales: Federico Joselevich Puiggrós
Música original: Eduardo Zvetelman
Fotografía: Carlos Furman
Asistencia general: Claudia Valado
Prensa: Simkin & Franco
Coreografía: Teresa Duggan
Dirección: Teresa Duggan

Mary Putrueli Written by:

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