Martes

Martes

Para Jorge, es el martes. Su día preferido desde hace poco más de una década, de carácter inamovible, es el martes. La razón es simple y profunda, ese día en el religioso horario de las nueve de la noche, la pelota acaricia el césped sintético, y Jorge y sus amigos se la pasan entre toque, patada, pase y goles.
Luego el asado en la casa de Roque, quien vive estratégicamente a la vuelta de las canchas. Todo una liturgia de amistad y encuentros.
Cuando ya se va haciendo medianoche Jorge emprende la vuelta hacia su hogar, treinta cuadras que decide siempre hacer en auto, con el mismo recorrido sin cambio alguno, todo derecho por la avenida central, girar cuando termina la calle a la derecha y tres cuadras más hacia su departamento.
El último martes al llegar al final de calle, le parece ver una sombra, como una figura extraña parada en la ventana de uno de los pisos más altos del edificio, sin darle mucha importancia sigue su camino.
Al día siguiente mientras prepara su café, recuerda esa imagen, y así como el día anterior, decide desecharla de su cerebro y continuar con su rutina.
En la siguiente semana, en su vuelta del ritual futbolero, al acercarse al final de la calle, recordó la sombra, no había tráfico, con lo cual decidió aminorar la velocidad, ahí estaba, esa figura extraña, mirándolo desde la ventana del séptimo piso, esta vez contó los pisos, solo por curiosidad.
La mañana siguiente, salió unos minutos antes de su casa, caminó hasta el edificio y al acercarse hacia el tablero del portero, leyó una nota que decía: “Interesados en ver el piso siete por favor contactar al encargado”. Se quedó un rato mirando, pensando, en un estado entre asombro y desconcierto.
Durante los siguientes días salía exclusivamente por la medianoche para pasar con el auto por aquella ventana misteriosa, no había nadie, ni el miércoles, ni el jueves, ni el viernes, ni el fin de semana.
Descansó el lunes, para volver el martes y encontrarse con esa sombra negra amorfa que parecía mirarlo, aún sin identificar sus ojos, podía sentir la mirada, detuvo el auto en la esquina. Saltó un poco del asiento cuando la figura levantó una especie de mano con lo que parecía ser una palma abierta.
Consultó con el encargado, nadie se había interesado por el departamento en meses, y con seguridad nadie podría haber entrado, solo él tenía la llave que el dueño le había confiado antes de emprender un viaje sin destino conocido.
Durante un mes, siempre lo mismo, cualquier día de la semana la ventana vacía, los martes, la figura allí.
Jorge, mantuvo total reserva sobre el episodio, aún cuando todos notaban su cambio de actitud e incluso su desmejoro físico.
Luego del partido estuvo en silencio casi durante toda la cena. Condujo hacia su casa, y sin poder creer lo que veía, se encontró con la ventana vacía, aliviado empezó a reír como un loco, feliz, tocaba bocina, bailaba sobre su asiento, ignorando por completo, que la criatura amorfa y misteriosa, lo esperaba sentada en el sillón de su casa.

Microtelato ganador del concurso literario Revista Guka.
Mayo, 2018.

Mary Putrueli Written by:

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