Mi amigo el dragón

Mi amigo el dragón

Cuando nos preguntábamos en que momento Disney iba a volver a sus amadas raíces, llega Mi amigo el dragón, y nos devuelve toda la magia que tanto extrañábamos de la productora del famoso ratón. Disney vuelve a ser Disney en esta bella historia, y vuelve a serlo con lo que amamos y lo que odiamos un poco también.

El film inicia con la clásica muerte parental, que desde el clásico Bambi, nos somete al golpe un poco bajo, cómo si no lo recordáramos termina siendo un ciervo quien se cruza en la ruta, y deja sin vida a los padres de Pete, un niño de 5 años, quien se encontrará perdido en el bosque.

Allí conoce a Elliot, un dragón que lejos de tener aspecto temible, parece casi un perro gigante, con un pelaje verde símil a un peluche, nos lleva inmediatamente a recordar aquel dragón de La Historia sin fin, de hecho muchas de las escenas más recordadas y emblemáticas de estos film, encuentran su punto en común en el vuelo que estos dos amigos emprenden.

Elliot adoptará a Pete, y durante seis años, serán la única familia que cada uno tiene. Hasta que los adultos intervengan en el trama, otra línea argumental que siempre funciona en este tipo de propuestas.
El bosque donde ellos viven, es cuidado por Grace (Bryce Dallas Howard, quien ya había trabajado con animales computarizados de tamaños dantescos, en Jurassic Wolrd), una mujer devota de su trabajo, pero quien de alguna manera ha perdido la fe, o la magia de no creer en aquello que no. Su padre (Robert Redford) la única persona quien asegura haber visto un dragón cuando era niño, será de la partida cuando las cosas se compliquen.

El papel de adulto malo, que luego por supuesto encontrará redención, es llevado a cabo por el cuñado de Grace, un talador que no sólo busca la destrucción del parque sino, al toparse con Elliot, querrá lucrar con el animal en cuestión.

Como si el nombre Elliot, y la relación entre un niño y un amigo en particular, no nos llevará a recordar el clásico de los 80, “Et”, en las figuras de la policía y de esos adultos en pos de la caza de Elliot, el film toca la fibra de sensaciones y sentimientos de aquel extraterrestre que nos llevaba a las lágrimas al separarse de su amigo.
Mi amigo el dragón emociona, reflexiona sobre el valor de la amistad, de la familia, la que nos toca y la que se elige, y sobre todo sobre la manera en que optamos por ver el mundo, como un lugar seguro, donde tenemos consciencia de todo aquello que pasa, donde no arriesgamos en busca de nuevas aventuras, o si tenemos suerte y sabemos mirar, tal vez podamos encontrar la magia que lleva cada uno dentro, y por qué no, hacernos amigos de un dragón.
Disney, con productos de calidad en la conjugación de animación por computadora y de actores reales de precisa interpretación, nos deja volver a ser niños, a dejarnos sorprender y a volver a creer que todo puede ser posible.

 


Maria-Putrueli-Escritora-Critica-Guionista-Firma-Smallest

Mary Putrueli Written by:

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